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En el punto álgido de la larga y despiadada guerra contra los orcos, el ejército de rey Rhobar II estuvo a punto de ser derrotado debido a un problema profano: la falta de un mineral mágico de gran calidad. Dicho mineral era indispensable para las nobles espadas y las gloriosas armaduras de los paladines, la élite y el orgullo del ejército real. Pronto erigieron barreras mágicas alrededor de las minas más valiosas de la isla de Khorinis y enviaron allá a todos sus prisioneros, independientemente del crimen que hubieran cometido. Los prisioneros trabajaban noche y día para extraer el mineral que tanto necesitaba el ejército... Hasta que un día, bajo la mirada del misterioso conjurador de demonios Xardas, un prisionero anónimo del centro de Myrtana derrotó a una terrible criatura llamada el Durmiente y logró destruir la barrera.
Aunque quedó enterrado bajo toneladas de escombros, la magia de Xardas pudo salvar al héroe, que partió hacia Khorinis, la capital de la isla, en busca del ojo legendario de Innos. Al principio, la milicia, los ciudadanos y los paladines lo trataron con recelo, pero gracias al trabajo duro y a sus nobles hazañas heroicas logró forjarse una reputación sin par. Por eso no es de extrañar que fuera él quien, con su espada, su arco y sus conocimientos mágicos, lograra destruir al dragón zombi, avatar de Beliar, el dios de la muerte. Entonces partió hacia el continente, acompañado por los leales compañeros que había ido reuniendo durante el transcurso de su aventura.
Allí encontró las ruinas del poderoso reino de Rhobar II, que los orcos habían invadido casi por completo. Con sus ingeniosas tácticas, el poder de la espada y las llamas purificadoras de la magia, logró poner fin a la guerra y preparar el terreno para crear una Myrtana unida en la que los orcos y los humanos pudieran convivir en paz, aunque no se llevaran bien. Después se exilió a algún lugar situado más allá de cualquier esfera conocida, acompañado de su poderoso mentor, el mago negro Xardas.

Pero la paz no duró demasiado. Un humano llamado Thorus, que había logrado ascender a lo más alto de la escala de poder de los orcos, los llevó de nuevo a la guerra para hacerse con Myrtana. Con mucha dificultad, el héroe anónimo detuvo a Thorus, evitó un nuevo conflicto y juró que uniría el reino para siempre. Para ello, ocupó el trono y se convirtió en el rey "Rhobar III".